accesos de bronca por desvariar un mundo socialista del siglo pasado, con años de votar discursos sin más.
el café se enfría.

Anexo 1

Las manos nunca envejecen al tacto, y los suspiros que me arrancás me calman un poco la sed. 
Me curan la impotencia en impotencia del tacto de tu voz. En ella me enredo.
no es que no me gustes, no es que esté cansada, no es que no te quiera ni ver. no es que esté aburrida.

automática

Si que bajamos y piscuchamos que cuando el ave que mira tu carne que cae cual campo de flores marchitas y reconozco en tu ser un camino de caras que sienten placer de que caiga. Si las cosas cubren el movimiento de tus piernas que se alargan marcadas sin mirarme, mis labios que se muerden tan rojos en mi cabeza, perdí cuando el hospital caía y las carnes, las carnes en el hospital me miraban y yo espero aún que entres y digas Jazmín, vamonos de acá. Y el chaleco vuela cae sobre las carnes mutiladas de atardecer brillante como la tinta de la pluma que corre. Así corrimos nosotros la última vez.

enero

una quemadura, el corazón del durazno, aire corrompido por el óxido del reloj. sílabas amontonándose y una idea vagabunda. miro el dorso de los libros por cuarta vez, arrancando voluntad de la sien, bajando hacia la idea recurrente de agarrar el calor con el impulso. voy corriendo por el pasillo que conecta el vacío con la razón, vuelvo sobre mis pensamientos de dios y todo lo que es perfecto y, aunque lo intente, sigo sin poder dormirme.