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Canta sola, grita, llora, habla de ellos sin razón.
Ya no pasan por su casa las convicciones ni los ideales. Ni siquiera el aroma del té.
Fuma uno, piensa y no puede contestar. Canta, buchonea, no quedan las intuiciones, no especta, sólo mira con los dientes cerrados y el olfato
también.

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