Un puente seco, sin más aliento de fantasías de los viajeros. Una cucharada de agua de puente, de puente seco, de nunca más poder recostarte en el reflejo de la sombra. La estrella te saca las ganas de levantarte, desgarra la garganta y afloja las rodillas. La punta del sonido caza las que no caen en el cenicero, solo chocan contra las paredes y nadie puede frenarlas. Un pasadizo, un campo lleno de vaquitas y las historias flotando entre nosotros todos. O tal vez no todos. Nunca estaremos hablando de V.

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