Mueve ideas con la mente. En sus manos hay silencio. Su boca desata las peores tormentas.
Su amargura me olvida cuando pensé que no esperaba. Razón si la hay de manifestar imágenes desconocidas en el mundo (el mío).
Nueve atardeceres desearía no terminen, y me veo sumida en que extrañar es inevitable e incómodo (muy incómodo).
En la punta de la mirada queda cuestión, el cuerpo se estremece y me pide que sea quien pueda, dejando inconclusa mi ternura que no puede dejar, ni pausar. Que fue incitada a perder el control y romperse.
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