Miro la Luna, miro mi ser sobre el mar. Asciendo, regreso, ¿caeré hacia él, impulsando su ritual ígneo? Regreso, me aferro al mástil transparente de las algas.
Nunca más quiero convertirme, prometo no desearlo.
Los enamoro con mi canto fugaz penetrante en la niebla de los dueños del mundo y que me posiciona en el sitio dominante, calmador en tempestades y arrasador de apocalipsis completos.
Genero sin querer la quietud de los amantes bajo la arena y el iodo me anticipa que otra vez, inevitablemente, ascenderé.
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