Un monomio camina por la calle tranquilo. Mira los rectángulos de las casas, los círculos en los árboles y las líneas sobre el pavimento. Se mira: es tan negativo que se enoja al ver un algodón de azúcar con su nene, tan dulce y sin forma, por lo menos no es concreta. Además es celeste.
¿Qué monomio como la gente sería CELESTE? Celeste es la sonrisa del nene. Jamás se le pasaría por la potencia.
Camina, camina, camina… ¡Y FRENA!
Hay muchos polinomios. Monomios como él, unidos.
¿Unidos? Qué vergüenza. ¡Qué aberración al individualismo! Ellos planean destruir el algodón de azúcar y a su nene, y a la sonrisa, y a la nube y al pasto y al sol; esas cosas que no necesitan llamarse Forma, Monomio ó Polinomio.
El monomio, malhumorado, cambia. Se pone optimista, piensa en positivo. Positivamente se van a unir para romper todo.
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